Chiste jesuita

 

El papa negro (si no entiende, querido lector, guglee).

El papa negro (si no entiende, querido lector, guglee).

Una familia argentina, residente en Italia, va a buscar a los franciscanos para pedirles un favor.

—Hermanos, estamos participando en un concurso para ganar un Maserati. ¿Podrían ofrecer una novena por nosotros, por favor?
—Claro, pero ¿qué es un Maserati?
—Es un auto de lujo, hermano.
—¡De ninguna manera! ¡Nosotros no rezamos novenas por esas cosas!

Entonces van donde los jesuitas.

—Hermanos, estamos participando en un concurso para ganar un Maserati. ¿Podrían ofrecer una novena por nosotros, por favor?
—¡Un Maserati! ¡Claro, tremenda máquina! Nosotros tenemos uno. Pero… ¿qué es una novena?

Lo malo del chiste es que es verdad.

Pero eso no es lo peor.

Lo peor es enterarse de que es verdad por un papa jesuita al que le molesta que se recen rosarios: son cosas del pasado, dice, cosas que dan risa, dice, cosas que le preocupan.

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Everything’s gonna be OK (I promise)

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Nos recibe en su oficina, justo después de su lectura espiritual y antes de su lectura bíblica, las dos primeras de sus catorce actividades espirituales/piadosas/de formación diarias, nos explica. Con una gran sonrisa nos anima a que no nos preocupemos por él: “El día tiene 24 horas —nos comenta—. Si nos extendemos con ustedes en la entrevista, siempre me queda la madrugada para terminar mis actividades espirituales”. El tipo se va a ganar el Cielo: sus compañeros —todos iguales a él— dicen que se lo va a arrancar a Jesucristo a punta de esfuerzo.

Detrás de él hay un cuadro de la Virgen de Medjugorie, y a su lado, un cuadro de Juan Pablo II; aguzando la mirada, vemos que junto con las otras cien personas que salen en la foto con el Beato, está él a un costado, a la izquierda. “El día más feliz de mi vida”, nos revela cuando encuentra qué llamó tanto nuestra atención.

En su laptop encendida vemos el borrador de un documento. Y es que nos recibe también entre post y post de su apostolado en las redes sociales: “Hoy un apóstol debe estar en todos lados”. Debe de ser así, porque su celular sonó catorce veces durante la entrevista; probablemente debía estar en otros lados.

Nos dice que no hay que preocuparnos por nada en esta elección papal. Que no hay que prestar oídos a todos aquellos “profetas de calamidades”, ya denunciados por Juan XXIII hace más de cuarenta años. Nos tranquiliza diciendo que el Señor cuida de su Iglesia, y que los cardenales, esos hombres de Dios, hombres de confianza del papa, sabrán elegir al mejor sucesor de san Pedro.

Le contamos de nuestras inquietudes, de la falta de ortodoxia de algunos cardenales, de lo preocupante de sus hojas de vida, de los problemas y entuertos (él prefiere llamarlos desafíos) de la Iglesia de hoy. Nos dice que no hay que preocuparnos, que la prensa nunca entiende cuando se trata de asuntos de Iglesia, y que palabras como izquierda o derecha, referidas a la curia, o progresista, liberal o conservador son expresiones de los medios de comunicación seculares, que como no entienden el rollo de la Iglesia, suelen traducirlo a sus propias categorías, muchas veces políticas.

Entonces le hablamos, preocupados, de gente concreta: de Schönborn, liderando tácitamente un conjunto de obispos rebeldes en Austria mientras celebra misa rodeado de payasos e inundando el presbiterio de globos; de Bergoglio, que obtuvo un voto en el anterior cónclave —frunce el ceño y nos interrumpe para decir que un cónclave es secreto, y que esos seguramente son rumores a los que un auténtico cristiano no debe prestar atención—, el mismo Bergoglio que defendió a una pareja de gays anticlericales de su país que hicieron bautizar a su hijo adoptado contraviniendo el Código de Derecho canónico; de Bertone, a quien se les escapaban las tortugas; de Sodano, que apañó a Maciel y a sus amigos, que traficó influencias haciendo uso de su poder en el Vaticano y que dirigió el pontificado del Beato como quiso… Suelta una gran carcajada, muy varonil y cargada de testosterona, y nos interrumpe. Dice que en la prensa y en los medios de comunicación hay una campaña orquestada en contra de la Iglesia, y que todos debemos poner el hombro y luchar contra sus enemigos utilizando las nuevas tecnologías y haciendo campañas; que ya no podemos ser indiferentes.

Finalmente, su secretaria nos interrumpe: ha llegado un visitante que parece importante (tan solo entendimos tres de sus cuatro apellidos). Nos dirige su mejor sonrisa y se disculpa mucho; probablemente podamos quedar para otra ocasión: es cuestión de coordinar, pero con tiempo, nos ruega, porque su agenda está muy apretada: “Hay que gastarse y desgastarse por el reino”, sonríe. Nos despide con un fuerte apretón de manos mientras nos dice que no nos preocupemos, que el Espíritu Santo es, en realidad, quien escoge al papa mediante una asistencia especial de infalibilidad, y que a nosotros solamente nos toca rezar.

Nos vamos contentos, pero preguntándonos por qué si es cosa del Espíritu y está todo resuelto, tenemos que rezar