Oído al pasar [I]

“Disculpen, pero primero quiero ver que a Nuestro Señor se le rinda el culto que se merece con majestad y decoro, que la liturgia coincida con lo que en verdad cree la Iglesia sin distorsiones, que haya recta doctrina para que el pueblo de Dios no se desvíe de su camino por senderos llenos de lucecitas multicolores que huelen a puertas anchas, que el sumo pontífice se haga respetar por sus obispos y por las conferencias episcopales; después de eso recién prestaré atención a de qué color son sus zapatos, si toma bus o camina, o si toma Chianti o prefiere una Quilmes. Gracias”.

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De papolatrías y papólatras

Idolatría (Cesare Ripa)

Idolatría (Cesare Ripa)

Q. A veces no sé si estás a favor o en contra del papa.

A. ¿Del papa o del papado?

Q. ¡Es lo mismo! Pareces enemigo, más que amigo.

A. No son lo mismo, y es peligroso confundirlos.

Q. ¿Perdón?

A. Ocupar el sillón del papado no convierte al varón en cuestión en un santo en vida, ni en infalible ni en incorruptible. Para que quede claro, quiso Nuestro Señor instituir el papado y dejarnos en él al peor de sus discípulos.

Q. Pero el papa… ¡es el papa!

A. Sí, y también tiene un nombre, y va al baño, y caga, y come, y se cae de sueño por las noches. Es un ser humano como cualquiera de nosotros…

Q. Pero es infalible…

A. Solo cuando habla ex cathedra y cuando hace uso de su magisterio extraordinario en materias de fe y moral (que lo hace poquísimo: para que te des una idea, los últimos dos papas antes de Francisco no usaron ese magisterio casi nunca; Juan Pablo II, apenas si en un par de ocasiones, y Benedicto, nunca, descontando en ambos casos las canonizaciones —que, por cierto, son también materia discutida por teólogos: no todos están de acuerdo en que una canonización es infalible—). En todo lo demás se puede equivocar, incluidos encíclicas, exhortaciones, mensajes, entrevistas, opiniones, etc.

Q. Pero, bueno, ¿cuál es el problema? Hay que estar con el papa siempre, en todo, con todo, con fuerza y, en ese caso, es mejor pecar por exceso que por defecto.

A. No, no lo es, porque si bien es bueno defender el papado, hay que hacerlo sin sacrificar la verdad, y sin sublimarlo y convertir  cada gesto de un papa en un gesto del papado. Cuando una intenta defender a la Iglesia ante gente medianamente inteligente se ve claro: es suponer idiotez en el interlocutor intentar convencerlo de que todas las decisiones y opiniones de cada papa de turno son geniales y acertadísimas, o pretender que no se dé cuenta de que intentamos convencerlo de eso: Dios hizo inteligentes incluso a los ateos (!). Eso a veces aleja más que acerca a la fe.

Q. Vamos, no es para tanto…

A. Claro que sí. Te pongo tan solo un ejemplo. Cuando este papa se decida a vender los tesoros del Vaticano (que estoy segura de que de alguna manera algo de eso hará), ¿cómo harán los papólatras clásicos para defender lo que antes criticaron? ¿Cómo hará José Miguel Arráiz? ¿Cómo hará Alejandro Bermúdez para defender que ahora sí es una buena idea vender los tesoros cuando antes hasta insultó a quienes pensaban así?

Q. Bueno, los tiempos han cambiado y…

A. No es un problema de tiempos que cambian; es un problema con respecto a la verdad misma: ¿cómo es posible que un argumento sea falso en el 2007 y verdadero en el 2013? Con tanto papólatra, papaboy o papagirl suelto por ahí gritando fascinado que todos los actos sui generis de este papa son geniales como geniales eran los del papa anterior que hacía lo contrario, uno se acuerda con más razón de Benedicto XVI cuando advertía acerca de la crisis de la razón: ¡cuánta razón tenía!

¿Qué hacés, Francisco?

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A su santidad, Francisco, no le gusta usar el papamóvil.

Ni la limosina papal.

Tampoco le gusta usar los zapatos rojos.

Ni tampoco la muceta, el pectoral de oro, la capa, el altar fijo de la capilla Sixtina, las mitras con bordes de oro ni las casullas magníficas que se guardan en la sacristía vaticana.

Prefiere caminar por la vereda, mezclado entre la gente, tomar el bus y salir a despedirse del pueblo luego de la misa, como un párroco más.

Q. ¿Y acaso está mal?

A. Pues da un poco de pena; pero mal, lo que se dice mal, no.

Q. ¿Entonces? ¿Te molesta que sea diferente de Benedicto?

A. No. Cada papa puede ser como le dé la gana. Si este ha elegido ser así, es cosa suya.

Q. Entonces te molesta que sea tan humilde…

A. Los tan populares actos del actual papa no son manifestaciones de humildad, sino de austeridad, que es otra cosa (una cosa buena, por cierto). La humildad es una virtud bien diferente, que no me consta que este papa cultive (eso solo lo sabe Dios).

Q. Entonces, ¿la austeridad…?

A. No, no me molesta… Lo que me molesta es la confusión que puede generar el mensaje.

Q. ¿Confusión? ¡Pero si el mensaje es clarísimo!

A. No, no lo es. Porque al mismo tiempo, está enviando distintos mensajes que —si no se aclaran— se pueden interpretar de distintas maneras.

Q. ¿Hmm?

A. En primer lugar, está diciendo tácitamente que todo lo que hizo su antecesor estaba mal o no sirve para nada.

Q. Pero si él nunca ha dicho…

A. Ese es el problema: que no ha salido a aclararlo. Ha empezado recordando y encomiando a Benedicto, pero luego se esfuerza en negar en las formas todo lo que el otro había sostenido. Hoy en día la blogósfera está llena de memes de papaboys y papagirls ante cada llamada del papa a su dentista o a su periodiquero, exclamado extasiados, “¡Dime si no es genial nuestro papa!”. Entonces, ¿no era genial Benedicto, como también estos mismos papaboys y papagirls decían?

Q. Entonces, según tú, Francisco se opone a Benedicto. 

A. Eso no lo he dicho yo ni lo ha dicho Francisco… pero se podría entender con tanto entusiasmo desmesurado y acrítico. Es lo que da a entender el propio Francisco.

Q. Pues a mí no me parece que el actual papa explícitamente…

A. Es famosa la anécdota con Marini…

Q. ¿Con quién?

A. Con monseñor Guido Marini, ceremoniero del Vaticano, experto en liturgia (por lo menos, más que Bergoglio). Cuando iba a salir al balcón para dar su primera bendición urbi et orbi, no solo le hizo saber de mala manera que no pensaba utilizar muceta ni capa, sino que tampoco quiso recibir su ayuda para ponerse la estola (sí para recitar el padrenuestro en italiano, empero); y al día siguiente, mientras lo ayudaba a revestirse para su primera misa en la capilla Sixtina, cuando le alcanzaba una casulla, Francisco le dijo: “Póngaselas usted, monseñor: el tiempo de carnaval se ha terminado“.

Q. Pero esas son calumnias de…

A. Quienes conocen su manera tan procaz de hablar dicen que esas perfectamente pudieron ser palabras suyas.

Q. ¿Eso es todo?

A. ¿Te parece poco? Además de la falta de cortesía, está el antimensaje litúrgico: creer que la austeridad también se ha de llevar a cabo en el terreno del culto debido a Dios.

Q. Pero hay cosas que son fundamentales y hay cosas que son accesorias. Precisamente el gran mérito de este papa, al despojarse de tanta ceremonia y pompa en la liturgia, es recordarnos que el centro de la liturgia es Cristo mismo.

A. Y precisamente porque es el centro es que se merece una deferencia mayor. Hay cosas en las que se puede ser austero y cosas en las que no, y la centralidad de Cristo pertenece a esta última categoría.

Q. Pero él no ha negado la centralidad de Cristo…

A. ¿Ah, no? ¿Y por qué no usó patena en la misa de entronización? Si crees que Nuestro Señor está realmente presente en las especies de pan y vino, entonces deberás tener cuidado para…

Q. …pero esos son pequeños detalles que no alteran la esencia de…

A. El problema principal de la liturgia no es la pompa o el boato; el problema principal es de doctrina, que con la liturgia se ha desviado. Y recuerda que “lex orandi, lex credendi”…

Q. ¿Qué es eso?

A. Así como rezas, así crees. Si tienes distorsiones en la liturgia, pronto tendrás distorsiones en la doctrina, de lo cual son prueba fiel los últimos 50 años. No de otra forma se inició la revuelta anglicana, por cierto.

Q. No creo que sea para tanto.

A. Cuánto quisiera ver a este papa seguir con su austeridad (le hará mucho bien al Vaticano y a la Iglesia), seguir despojándose del oro y de la plata en sus vestidos (aunque, bueno, con sensatez, por supuesto, y no por mero aparentar: hay que saber que teñir sus zapatos de rojo o teñirlos de negro cuesta exactamente lo mismo, con la diferencia de que el rojo tiene un significado específico y el negro no)… ¿Qué andaba diciendo?

Q. Que querías ver al papa continuar con su austeridad…

A. Sí, gracias: cuánto quisiera verlo continuar con su austeridad, despojarse de plata y de oro, tomar el bus y caminar —aunque sin tratarse de ser un rebelde simplemente por serlo—, pero al mismo tiempo darle todo el oro a Jesucristo, y utilizar cálices riquísimos y patenas dignas del cuerpo y la sangre de Nuestro Señor: ¡qué gran mensaje daría a la humanidad si dijera “En esto no se puede ser austeros”. Con sus gestos actuales, más bien, da la impresión de que la liturgia son caprichitos de carnavaleros o nostalgias de costureritas decimonónicas.

Q. Bueno, pero no negarás que es bueno que despoje de superficialidades la casa.

A. No lo he negado. Pero, como te dije, con cuidado: no se trata de romper las reglas por romperlas. A algunos este papa les parece bueno porque es un rebelde. Pero la rebeldía por la rebeldía misma murió con James Dean, en mayo del 68, y que yo sepa, ni mayo del 68 ni James Dean han salvado a alguien; en cambio, Nuestro Señor, sí.