Pro multis

Q. Padre, una pregunta.

A. ¿Sí…? 

Q. ¿Por qué en la consagración dijo “por todos los hombres” y no “por muchos”?

A. ¿Eh…?

Q. ¿Por qué en la consagración dijo “por todos los hombres” y no “por muchos”?

A. Porque así está en el misal, ¿no?

Q. Pero la Santa Sede ha dicho que de ahora en adelante es mejor utilizar la fórmula “por muchos”, que es más fidedigna: es la misma que usó Nuestro Señor en la última cena.

A. Sí, pero eso… ¿es una orden, acaso, eso?

Q. Bueno, la carta del cardenal Arinze…

A. ¡Bueno! ¡Es una carta, nomás…!

Q. …del prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

A. Bueno, bueno…

Q. ¿Y la instrucción Liturgiam authenticamque entró en vigor en abril del 2001? ¿Y la carta del papa Benedicto al presidente de la Conferencia Episcopal Alemana¿No lo sabía?

A. Sí, sí lo sabía. ¿Y?

Q. ¿Y el hecho de que Jesucristo en el Evangelio no haya dicho nunca “por todos” sino “por muchos”?

A. Sí…

Q. ¿Entonces, por qué dijo “por todos los hombres”?

A. Y, no sé, hijo, ¡seguramente la costumbre!

Q. Ah, ¿entonces usted consagra la sagrada eucaristía por costumbre, por rutina?

A. …

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Oído al pasar [I]

“Disculpen, pero primero quiero ver que a Nuestro Señor se le rinda el culto que se merece con majestad y decoro, que la liturgia coincida con lo que en verdad cree la Iglesia sin distorsiones, que haya recta doctrina para que el pueblo de Dios no se desvíe de su camino por senderos llenos de lucecitas multicolores que huelen a puertas anchas, que el sumo pontífice se haga respetar por sus obispos y por las conferencias episcopales; después de eso recién prestaré atención a de qué color son sus zapatos, si toma bus o camina, o si toma Chianti o prefiere una Quilmes. Gracias”.

Humilde ayuda para apologetas neoconservadores

Alejandro Bermúdez

Alejandro Bermúdez

Nos comentaba ayer un lector sobre el mal rato que, con toda seguridad, estarán pasando algunos periodistas y divulgadores —como Alejandro Bermúdez, José María Iraburu o Luis Fernando Pérez Bustamante— al contosionar sus razonamientos para defender una supuesta hermenéutica de la continuidad en el tema litúrgico entre Benedicto XVI y su santidad Francisco: intentó con mucho arrojo empezar la reforma de la reforma, el primero, y la viene destruyendo por completo, el segundo.

Aunque parezca mentira, en El Blog del FAQ nos condolemos con el sufrimiento neocón, de modo que la simple fantasía de estos tres hermanitos —como diría seguramente el primero de ellos— sudando frente a sus teclados, nos quitó el sueño. Por esa razón, El Blog del FAQ hizo suya la preocupación, e indicó a nuestro comité de salvataje de neocones que no podría dormir hasta no hallar una solución (práctica, por cierto, que por sí sola ya haría las delicias de los mencionados).

Después de este proceso, el comité nos alcanzó esta pequeña propuesta que franciscahumildemente ponemos a su disposición a manera de carta abierta. Va con cariño.

Es evidente y clarísimo, pero clarísimo, que existe una continuidad entre el magisterio litúrgico de nuestro genial papa, el querido Benedicto XVI, de grata memoria, y el magisterio litúrgico de nuestro genial papa, el ya querido Francisco: quien no quiera verlo es una persona con dos dígitos de cociente intelectual… ¡y dos dígitos bien bajitos!

Pero de todas maneras, aquí en [ACI Prensa/InfoCatólica/etc.] se lo vamos a explicar. Nuestro genial papa, su santidad Benedicto XVI, emprendió un esfuerzo por renovar la liturgia llevándola a sus fuentes, a beber de su sobriedad, elegancia y belleza originales. Hizo esto no solo en sus propias celebraciones litúrgicas —y me consta personalmente—, obedientes a todas las rúbricas, cargadas de recato y belleza al mismo tiempo, rescatando elementos antiguos como el saturno, el camauro, el fanón; sino que también lo hizo quitando la prohibición haciendo explícito que nunca estuvo prohibido en la Iglesia celebrar la misa con el rito romano ordinario según el misal de 1962, la correctamente mal llamada misa tridentina: todos recordamos el hermoso y genial motu proprio Summorum pontificum, que desde esta [bitácora/página web/portal/canal, etc.] fuimos los primeros en alabar, celebrar y, sobre todo, difundir y recomendar, etc. Además, el genial antecesor del genial papa Francisco se empeñó bastante en corregir y sancionar abusos litúrgicos de personas que no comprendían o no tenían claro el rito romano. Por su parte, nuestro genial papa, su santidad Francisco, sigue en esta línea de renovación y de purificación y embellecimiento de la liturgia. ¿Y cómo?, se preguntarán varios de ustedes. Pues al desobedecer varias normas litúrgicas, al improvisar y hacer lo que le viene en gana, y practicar diversos actos que constituyen claros abusos litúrgicos —explícitamente sancionados—, nos hace ver la gran y urgente necesidad de volver a lo que Benedicto ya se esforzó por hacer. Nadie como nuestro genial sumo pontífice, el querido papa Francisco, ha hecho tanto en tan poco tiempo por mostrar a la Iglesia la necesidad de una reforma litúrgica con reglas más claras y enérgicas.

Va con cariño, amigos apologetas neoconservadores: esperamos que lo sepan apreciar y que le den buen uso a este material que le costó una amanecida a nuestro equipo. Humildemente creemos que de otra manera no se puede enlazar en continuidad la obra litúrgica de ambos pontífices, geniales los dos al mismo tiempo, por cierto. 

Esperpento sagrado [II]

Hace unas cuantas entradas hacíamos un comentario sobre esto:

Iglesia minimalista

Ludwig Schwarz, obispo del lugar donde construyeron la cosa, cree que eso es una iglesia católica.

En otras palabras: está de acuerdo con que se celebre misa ahí.

Está de acuerdo con que Nuestro Señor esté ahí.

Que Dios lo perdone.

Nuestro equipo de redacción (porque tenemos equipo de redacción) no está de acuerdo con monseñor Schwarz. Y vamos a explicar por qué.

  • Porque, en primer lugar, esa cosa ni siquiera tiene un nombre católico: le llaman Centro Oasis de Atención Pastoral, como si se tuviera vergüenza de decir que es un lugar para adorar a Dios; peor aun, como si se tuviera vergüenza de decir que es un templo católico (“qui enim me confusus fuerit et mea verba in generatione ista adultera et peccatrice et Filius hominis confundetur eum cum venerit in gloria Patris sui cum angelis sanctis”).[1]
  • Porque eso que está ahí, en el lugar grande aquel (nos resistimos a llamarlo presbiterio, pues no lo es), es una mesa y no un altar: dado que la misa es la renovación incruenta del sacrificio de Cristo en la cruz, este debe ser realizado sobre un altar —léase, sobre una piedra sacrificial— y no sobre una mesa.
  • (Esto último no lo decimos los loquitos de El Blog del FAQ; lo dice el Código de Derecho canónico —el postconciliar, el del 83—: “Según la práctica tradicional de la Iglesia, la mesa del altar fijo ha de ser de piedra, y además de un solo bloque de piedra natural”).[2]
  • Porque la mesa aquella, por si fuera poco, está al mismo nivel del suelo, donde están los laicos, cuando debería estar elevada por medio de unos escalones para evocar el monte Calvario, donde Nuestro Señor se ofreció: “El presbiterio es el lugar en el cual sobresale el altar, se proclama la Palabra de Dios, y el sacerdote, el diácono y los demás ministros ejercen su ministerio. Debe distinguirse adecuadamente de la nave de la iglesia, bien sea por estar más elevado o por su peculiar estructura y ornato” (el destacado es nuestro);[3] bueno, “peculiar estructura y ornato” sí que tiene.
  • Porque, además, el mismo Código dice que debe observarse “[…] la antigua tradición de colocar bajo el altar fijo reliquias de Mártires o de otros Santos […]”:[4] no vemos ninguna (ni creemos que haya).
  • Porque no hay reclinatorios; de hecho, es tan minimalista que ni siquiera hay asientos. La lógica detrás del edificio no concibe que haya gente que alguna vez tenga que arrodillarse: está pensado para cualquier cosa menos para la adoración (véase más adelante).
  • Porque no hay confesionarios. La lógica detrás del edificio no concibe que haya gente que alguna vez peque.
  • Y, sobre todo, porque no está el Santísimo Sacramento… a no ser que ese agujero indigno detrás de la mesita de burócrata sea un sagrario. Esperemos que no, pues las normas son bastante claras respecto al decoro y respecto al protagonismo del sagrario.[5] (Dicho sea de paso, no contentos con lo anterior, maltratan el altar al ponerle ese mantel tan coqueto).[6]
Atención al detalle: ¿sagrario?

Atención al detalle: ¿sagrario?

Y no se pierdan la cereza de la torta: esta iglesia tiene bar.

Vitrales.

Vista del bar, al fondo.

Sí, eso que ve usted allá al fondo es un bar. ¿Quiere verlo más de cerca?

Bar 2

Bar (visto más de cerca).

El alucinado arquitecto que comenta el conjunto pontifica entusiasmado: “La sala abierta en su totalidad alberga la capilla y el bar, y por lo tanto establece una apertura única e integración”.[7] Con un bar dentro de un templo así, ya creemos que se logrará bastante integración (y muy única, por cierto).

(Las fotografías son de David Schreyer, excepto la del vitral, que es de un tal Polland).

[1] Mc VIII, 38: “Porque cualquiera que se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre también se avergonzará de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles”.

[2] CIC, cc. 1235-1239. También: “Según la costumbre tradicional de la Iglesia y por su significado, la mesa del altar fijo debe ser de piedra, y ciertamente de piedra natural” (Institutio generalis missalis romani, n. 301, tomado de la Editio typica missalis romani del año 2002).

[3] Institutio generalis missalis romani, n. 295.

[4] CIC, c. 1237,  § 2.

[5] “La sagrada Eucaristía se reservará en un sagrario sólido e inviolable, colocado en medio del altar mayor, o de un altar lateral, pero que sea realmente destacado, o también, según costumbres legítimas y en casos particulares, que deben ser aprobados por el Ordinario del lugar, en otro sitio de la iglesia, pero que sea verdaderamente muy noble y esté debidamente adornado” (Instrucción Inter oecumenici, n. 95).

[6] “Por reverencia para con la celebración del memorial del Señor y para con el banquete en que se ofrece el Cuerpo y Sangre del Señor, póngase sobre el altar donde se celebra por lo menos un mantel de color blanco, que en lo referente a la forma, medida y ornato se acomode a la estructura del mismo altar” (Institutio generalis missalis romani, n. 304).

[7] http://goo.gl/1bvWj