Adivine el personaje [II]

Como probablemente ya sepan nuestros lectores, cada dos años tiene lugar la Bienal de Venecia, una muestra internacional en la que distintos países exponen cosas a las que inexplicablemente siguen llamando música, pintura, escultura, arquitectura, etc. Supuestamente es un honor ser invitado a exponer un pabellón, y este año la Bienal ha condescendido en otorgar este honor al Vaticano. Embargado por tal reconocimiento, el Vaticano aceptó, y le encargó la organización de su pabellón a nuestro “Adivine el personaje” de esta ocasión. Adivínelo, estimado lector, y sáquese el aburrimiento postconciliar del cuerpo.

Nuestro personaje:

  • Ha dicho explícitamente que  “No quiere [nuestra muestra] ser arte litúrgico”, y que “No hemos pedido a los artistas crucifijos o vírgenes”.
  • En vez de eso, les dio “la garantía de hacer lo que quisiese[n]”, según testimonio de uno de ellos, el fotógrafo checo Josef Koudelka, a quien, por supuesto, seguramente todos conocemos porque es un importantísimo artista, muy renombrado, familiarizado con la Iglesia y con la creación bíblica y el pecado original (el tema del pabellón vaticano), tal como demuestran sus propias palabras: “La propuesta me interesaba mucho porque la ‘decreación’, la ‘destrucción’ es algo de lo que me ocupo desde hace 30 años. Lo que era importante para mí es que mi obra no fuese vinculada a la religión, que nadie preguntase si soy o no soy católico. Mi religión es la libertad”.
  • Con esa libertad, la institución de nuestro personaje pidió a los artistas que se inspiraran en los primeros once capítulos del Génesis, a los que se refirió con las siguientes palabras: “[…] misterio de los orígenes, […] la aparición del mal en la historia, […] la esperanza y […] los proyectos de los hombres tras la devastación simbólicamente representada en el diluvio”.
  • Como los artistas probablemente no lo entendieron, para explicarles mejor de que se trataba su oficina les dijo que eran “argumentos relacionados con la creación, la pareja, el amor, la salvaguardia del creado [errata por “de lo creado”] […] pero también la caída en el pecado original y por lo tanto el mal, la violencia, la opresión de los pueblos, el diluvio universal […] la peregrinación hacia la fe de Abraham”.
  • Nuestro personaje reveló que le habían encargado la participación del Vaticano en la edición anterior de la Bienal, pero que su oficina decidió declinar porque “No habríamos podido garantizar una representación verdaderamente significativa de artistas”, (cosa que sí le parece que ha ocurrido en esta ocasión).
  • Otros de los artistas escogidos por nuestro personaje son los milaneses de Studio Azurro, que se encargarán de la muestra “De la creación”, el primero de los núcleos temáticos del pabellón. Se trata de una instalación audiovisual interactiva “que pone al hombre en el centro de la escena, y como tal alude al momento en que Dios lo crea”.
  • Nuestro personaje afirma que sus objetivos con la participación del Vaticano en esta muestra son “instaurar e incentivar las ocasiones de diálogo en un contexto cada vez más amplio y diversificado“, así como “sacar a la Iglesia de conceptos de principiante” en cuestiones artísticas.

¿De quién se trata?

a) Un artista liberal y ateo contratado por el Vaticano debido a un error

b) Una artista lesbiana postcomunista drogadicta atea proaborto miembro de Femen, encargada de la muestra

c) Un funcionario de la Bienal de Venecia designado para organizar la vaina del Vaticano (que nadie en la Bienal comprende), debido a que es el único que alguna vez hizo la primera comunión

d) El cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo Pontificio de la Cultura y uno de los papables en la última fiebre electoral vaticana a raíz de la renuncia de su santidad Benedicto XVI.

e) N. A.

(Nota: Hemos recibido tantas y tantas quejas de nuestros venticuatro lectores por la dificultad de la anterior edición de nuestro jueguito, que en esta oportunidad hemos decidido soltar una pequeña pista: recuerde, querido lector, que el Sacrosanto Concilio Vaticano II ha querido que la Iglesia se abra al mundo y no al revés).

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Adivine el personaje [I]

Conocedores del aburrimiento, no pocas veces acédico, que asedia —no pun intended— a nuestros amigos neoconservadores vecinos en el ciberespacio, el equipo de redacción de El Blog del FAQ ha pensado en una divertida propuesta: el novedoso entretenimiento “Adivine el personaje”. Amigo o amiga neoconservador(a) que nos lees y te duermes amodorrado en el almíbar postconciliar del “Todo va primaveralmente de maravilla”: ¿te cansaste de seguir pensando que los buenos son los buenos y los malos son los malos?; ¿te pican acédicamente las ganas de pasarte al lado progresista de la fuerza y pensar que los buenos son los malos y los malos son los buenos? No te preocupes, El Blog del FAQ tiene para ti —franciscahumildemente— la solución: el nuevo juego “Adivine el personaje”. A través de amenas y divertidas adivinanzas, romperás tus paradigmas y te sacudirás el molde de encima.

Para empezar con el pie derecho (perdón por la palabra), te proponemos una adivinanza no tan fácil. Esta vez no es un personaje sino una institución: ¿de cuál se trata? Empecemos.

¿De qué institución se trata?

a) Confederación Francesa para el Matrimonio Gay

b) Asociación de Lesbianas, Travestis, Gays, Bisexuales, Heterosexuales Comprometidos y Tutti Frutti de Francia

c) Federación Francesa en Pro de la Destrucción de la Familia y de Cualquier Valor Humano

d) Conferencia Episcopal Francesa

e) N. A.

 ¡Adivine el personaje! Hay fabulosos premios (por ejemplo, salir del error y vivir en la verdad).

Oído al pasar [I]

“Disculpen, pero primero quiero ver que a Nuestro Señor se le rinda el culto que se merece con majestad y decoro, que la liturgia coincida con lo que en verdad cree la Iglesia sin distorsiones, que haya recta doctrina para que el pueblo de Dios no se desvíe de su camino por senderos llenos de lucecitas multicolores que huelen a puertas anchas, que el sumo pontífice se haga respetar por sus obispos y por las conferencias episcopales; después de eso recién prestaré atención a de qué color son sus zapatos, si toma bus o camina, o si toma Chianti o prefiere una Quilmes. Gracias”.

Esperpento sagrado [II]

Hace unas cuantas entradas hacíamos un comentario sobre esto:

Iglesia minimalista

Ludwig Schwarz, obispo del lugar donde construyeron la cosa, cree que eso es una iglesia católica.

En otras palabras: está de acuerdo con que se celebre misa ahí.

Está de acuerdo con que Nuestro Señor esté ahí.

Que Dios lo perdone.

Nuestro equipo de redacción (porque tenemos equipo de redacción) no está de acuerdo con monseñor Schwarz. Y vamos a explicar por qué.

  • Porque, en primer lugar, esa cosa ni siquiera tiene un nombre católico: le llaman Centro Oasis de Atención Pastoral, como si se tuviera vergüenza de decir que es un lugar para adorar a Dios; peor aun, como si se tuviera vergüenza de decir que es un templo católico (“qui enim me confusus fuerit et mea verba in generatione ista adultera et peccatrice et Filius hominis confundetur eum cum venerit in gloria Patris sui cum angelis sanctis”).[1]
  • Porque eso que está ahí, en el lugar grande aquel (nos resistimos a llamarlo presbiterio, pues no lo es), es una mesa y no un altar: dado que la misa es la renovación incruenta del sacrificio de Cristo en la cruz, este debe ser realizado sobre un altar —léase, sobre una piedra sacrificial— y no sobre una mesa.
  • (Esto último no lo decimos los loquitos de El Blog del FAQ; lo dice el Código de Derecho canónico —el postconciliar, el del 83—: “Según la práctica tradicional de la Iglesia, la mesa del altar fijo ha de ser de piedra, y además de un solo bloque de piedra natural”).[2]
  • Porque la mesa aquella, por si fuera poco, está al mismo nivel del suelo, donde están los laicos, cuando debería estar elevada por medio de unos escalones para evocar el monte Calvario, donde Nuestro Señor se ofreció: “El presbiterio es el lugar en el cual sobresale el altar, se proclama la Palabra de Dios, y el sacerdote, el diácono y los demás ministros ejercen su ministerio. Debe distinguirse adecuadamente de la nave de la iglesia, bien sea por estar más elevado o por su peculiar estructura y ornato” (el destacado es nuestro);[3] bueno, “peculiar estructura y ornato” sí que tiene.
  • Porque, además, el mismo Código dice que debe observarse “[…] la antigua tradición de colocar bajo el altar fijo reliquias de Mártires o de otros Santos […]”:[4] no vemos ninguna (ni creemos que haya).
  • Porque no hay reclinatorios; de hecho, es tan minimalista que ni siquiera hay asientos. La lógica detrás del edificio no concibe que haya gente que alguna vez tenga que arrodillarse: está pensado para cualquier cosa menos para la adoración (véase más adelante).
  • Porque no hay confesionarios. La lógica detrás del edificio no concibe que haya gente que alguna vez peque.
  • Y, sobre todo, porque no está el Santísimo Sacramento… a no ser que ese agujero indigno detrás de la mesita de burócrata sea un sagrario. Esperemos que no, pues las normas son bastante claras respecto al decoro y respecto al protagonismo del sagrario.[5] (Dicho sea de paso, no contentos con lo anterior, maltratan el altar al ponerle ese mantel tan coqueto).[6]
Atención al detalle: ¿sagrario?

Atención al detalle: ¿sagrario?

Y no se pierdan la cereza de la torta: esta iglesia tiene bar.

Vitrales.

Vista del bar, al fondo.

Sí, eso que ve usted allá al fondo es un bar. ¿Quiere verlo más de cerca?

Bar 2

Bar (visto más de cerca).

El alucinado arquitecto que comenta el conjunto pontifica entusiasmado: “La sala abierta en su totalidad alberga la capilla y el bar, y por lo tanto establece una apertura única e integración”.[7] Con un bar dentro de un templo así, ya creemos que se logrará bastante integración (y muy única, por cierto).

(Las fotografías son de David Schreyer, excepto la del vitral, que es de un tal Polland).

[1] Mc VIII, 38: “Porque cualquiera que se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre también se avergonzará de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles”.

[2] CIC, cc. 1235-1239. También: “Según la costumbre tradicional de la Iglesia y por su significado, la mesa del altar fijo debe ser de piedra, y ciertamente de piedra natural” (Institutio generalis missalis romani, n. 301, tomado de la Editio typica missalis romani del año 2002).

[3] Institutio generalis missalis romani, n. 295.

[4] CIC, c. 1237,  § 2.

[5] “La sagrada Eucaristía se reservará en un sagrario sólido e inviolable, colocado en medio del altar mayor, o de un altar lateral, pero que sea realmente destacado, o también, según costumbres legítimas y en casos particulares, que deben ser aprobados por el Ordinario del lugar, en otro sitio de la iglesia, pero que sea verdaderamente muy noble y esté debidamente adornado” (Instrucción Inter oecumenici, n. 95).

[6] “Por reverencia para con la celebración del memorial del Señor y para con el banquete en que se ofrece el Cuerpo y Sangre del Señor, póngase sobre el altar donde se celebra por lo menos un mantel de color blanco, que en lo referente a la forma, medida y ornato se acomode a la estructura del mismo altar” (Institutio generalis missalis romani, n. 304).

[7] http://goo.gl/1bvWj

Misa por los difuntos

CatafalcoA. Típico: después del saludo inicial, el cura dice que vamos a “pedir” en esta misa “por nuestro hermano Fulano Zutánez Menganda, [para] que a través [sic] de nuestras oraciones el Señor le dé el descanso eterno”. Y así nos va.

Q. ¿Cuál es el problema? ¿Acaso está mal que se celebren misas por los difuntos?

A. No, al contrario: me parece excelente que se haga. El problema es, precisamente, que en este caso nadie celebró una misa por un difunto.

Q. No entiendo: ¿cuál es el problema?

A. Los problemas —son varios— están en qué es la misa y para qué sirve.

Q. Sigo sin entender.

A. Una misa es la renovación incruenta del sacrificio de Nuestro Señor en la cruz…

Q. De acuerdo…

A. No, no de acuerdo, porque a partir de la reforma litúrgica, el énfasis se ha puesto no tanto en que es el sacrificio de Cristo, sino una celebración de la comunidad.

Q. ¿Hum?

A. Antes la cosa estaba clara: el sacerdote celebraba el ofrecimiento de la víctima inmaculada al Padre para obtenernos las gracias necesarias para nuestra salvación: eso era una misa. En algunas oportunidades, uno podía pedirle al sacerdote que ofreciera ese sacrificio no solo por los presentes, por la Iglesia y por todos los hombres (representados en la fórmula “por muchos”… otro día hablaremos de eso), sino también por todos los difuntos o por uno en particular. Así, los méritos obtenidos en la Cruz por Nuestro Redentor servían a ese difunto para alcanzar la gloria eterna, algo que solo Dios puede dar.

Q. Claro claro, correcto…

A. …y, ojo: no por sus méritos ni los nuestros, sino por los méritos de Cristo en la cruz.

Q. Ajá.

A. Ahora, con la nueva misa, al haberse perdido un poco la noción de que se trata de un sacrificio propiciatorio aplicado a un fin específico, la misa queda reducida a una celebración comunitaria…

Q. Pero ¿tú crees que…?

A. Yo no creo nada: la evidencia es la que habla. No sorprende, por tanto, que en las misas de ahora ya no se ofrezca el sacrificio en sufragio del alma de un difunto (incluso la misma expresión “en sufragio” se ha perdido), sino que ahora se celebra una misa y en ella nos limitamos a pedir por el alma de un difunto.

Q. No entiendo…

 A. Es claro: el centro ahora ya no está en Nuestro Señor y su poder; el centro está ahora en el poder de la oración de la comunidad: ¡nosotros somos los que salvamos al muertito y lo llevamos al Cielo con nuestras oraciones!

Q. Pero…

A. El sacrificio de Jesucristo, que nos libró del pecado y quiso devolvernos la amistad de Dios Padre, como decimos en la liturgia, en la práctica se ha desvalorizado. Ahora las misas sirven simplemente para rezar por los muertos.

Q. Bueno, bueno, no te esponjes, no es para tanto…

 A. Dile eso a Nuestro Señor, cara a cara, cuando lo veas en el Gran Juicio: ahí tendrás ocasión de decirle que su sacrificio no sirvió para nada porque, total, tú eres quien salva a los hombres del pecado y les abres la puerta de la comunión eterna con tus oraciones. Yo, por mi parte, prefiero seguir lo que la Iglesia ha dicho toda la vida.