Chiste jesuita

 

El papa negro (si no entiende, querido lector, guglee).

El papa negro (si no entiende, querido lector, guglee).

Una familia argentina, residente en Italia, va a buscar a los franciscanos para pedirles un favor.

—Hermanos, estamos participando en un concurso para ganar un Maserati. ¿Podrían ofrecer una novena por nosotros, por favor?
—Claro, pero ¿qué es un Maserati?
—Es un auto de lujo, hermano.
—¡De ninguna manera! ¡Nosotros no rezamos novenas por esas cosas!

Entonces van donde los jesuitas.

—Hermanos, estamos participando en un concurso para ganar un Maserati. ¿Podrían ofrecer una novena por nosotros, por favor?
—¡Un Maserati! ¡Claro, tremenda máquina! Nosotros tenemos uno. Pero… ¿qué es una novena?

Lo malo del chiste es que es verdad.

Pero eso no es lo peor.

Lo peor es enterarse de que es verdad por un papa jesuita al que le molesta que se recen rosarios: son cosas del pasado, dice, cosas que dan risa, dice, cosas que le preocupan.

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Oído al pasar [I]

“Disculpen, pero primero quiero ver que a Nuestro Señor se le rinda el culto que se merece con majestad y decoro, que la liturgia coincida con lo que en verdad cree la Iglesia sin distorsiones, que haya recta doctrina para que el pueblo de Dios no se desvíe de su camino por senderos llenos de lucecitas multicolores que huelen a puertas anchas, que el sumo pontífice se haga respetar por sus obispos y por las conferencias episcopales; después de eso recién prestaré atención a de qué color son sus zapatos, si toma bus o camina, o si toma Chianti o prefiere una Quilmes. Gracias”.

Habemus papam

Escudo oficial del papa Francisco

Primero que todo, una gran alegría embarga a todos por aquí, en el equipo de redacción de El Blog del FAQ (porque tenemos equipo de redacción, ¡eh!): tenemos papa. Nuevamente, el Señor da cuenta de que es siempre fiel a sus promesas y no nos ha dejado huérfanos, sino que sigue con nosotros todos los días hasta el fin por medio de un pastor que es su vicario. Albricias. Estamos muy contentos.

Aunque ese pastor sea Jorge Mario Bergoglio.

Porque si creemos en aquellas teorías de que es el Espíritu Santo quien en realidad escoge al sucesor de Pedro, o que los cardenales reciben una gracia especial de infalibilidad al escogerlo, tendremos que decir, entonces, que esta vez estuvo un poco flojito. (Al igual, por cierto, que lo estuvo cuando “escogió” a Alejandro VI o a Sergio III o a tantos otros).

En este blog no nos gusta meternos con el Espíritu Santo, así que nos decantamos, más bien, por negar la teoría: total, no aparece en ningún cuerpo de doctrina de la Iglesia.

La prueba máxima es Jorge Mario Bergoglio: descontando a los encubridores de pedófilos y a los propios pedófilos, tal vez no haya habido peor candidato en esta elección (bueno: tal vez Schönborn, pero hasta él anda diciendo cosas muy sensatas últimamente). Cosa muy distinta a Jorge Mario.

A Bergoglio se le acusaba —y con razón— de poco claro y ambiguo en doctrina; de falso ecumenista por mor de su repulsa a las confrontaciones; de cobarde y pusilánime cuando las cosas aprietan; de poco respetuoso con la liturgia; de liberal y poco dado a hablar claro; de sentimentalista, vanidoso y —lo peor— de porteño. Es el arzobispo que persigue la misa de siempre en su ciudad, pero permite aberraciones litúrgicas sin ningún problema. Es el arzobispo al que le parece bien que una pareja de travestis anticlericales bautice a su hijo adoptado sin comprometerse a educarlo en la fe. Es el arzobispo que se hizo bendecir de rodillas por un pastor evangélico (cosa que hasta a la gente de Infocatólica le repugnó) o que se junta con judíos para saludar lo mucho que tienen en común, para escándalo y confusión de cualquier feligresía.

En ese sentido, nadie como él es Petrus Romanus, similar al Apóstol en ser el más indigno de todos, esforzado en decir —desde el primer instante— que es más obispo de Roma que pastor universal. A su lado, Benedicto XVI brilla auténticamente como gloria olivae: la gloria del hermano mayor que resplandece.

Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, hasta que ordena su habitación o hasta que le escogen a un porteño como papa.

Con estos antecedentes, provoca rasgarse las vestiduras para clamar al cielo.

Pero eso no sería cristiano.

Un cristiano tiene fe en Dios, en un Dios que si bien no escogió a Jorge Mario, lo toleró… y por algo será. Como dicen por ahí: “Un papa bueno fortalece la fe; uno malo, todavía más“.

Además, un cristiano sabe que existe algo llamado “gracia de estado”, y que esta actúa… si el hombre la deja. Ejemplos, haberlos, haylos

Por lo tanto, lo más cristiano y sensato que se puede y debe hacer es hacer silencio (y eso va también para ustedes, papaboys y papagirls), y esperar y ver. Y mientras tanto, rezar por Francisco y dejarse guiar por él en lo que toca dejarse guiar. Todo esto, por supuesto, sin confundir papa con papado, que aquel puede ser falible, humano y corrupto, pero este es infalible en materia de fe y moral, de institución divina, e incorruptible, porque las puertas del Infierno no prevalecerán.

Por algo será…

Habemus papam!