Pro multis

Q. Padre, una pregunta.

A. ¿Sí…? 

Q. ¿Por qué en la consagración dijo “por todos los hombres” y no “por muchos”?

A. ¿Eh…?

Q. ¿Por qué en la consagración dijo “por todos los hombres” y no “por muchos”?

A. Porque así está en el misal, ¿no?

Q. Pero la Santa Sede ha dicho que de ahora en adelante es mejor utilizar la fórmula “por muchos”, que es más fidedigna: es la misma que usó Nuestro Señor en la última cena.

A. Sí, pero eso… ¿es una orden, acaso, eso?

Q. Bueno, la carta del cardenal Arinze…

A. ¡Bueno! ¡Es una carta, nomás…!

Q. …del prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

A. Bueno, bueno…

Q. ¿Y la instrucción Liturgiam authenticamque entró en vigor en abril del 2001? ¿Y la carta del papa Benedicto al presidente de la Conferencia Episcopal Alemana¿No lo sabía?

A. Sí, sí lo sabía. ¿Y?

Q. ¿Y el hecho de que Jesucristo en el Evangelio no haya dicho nunca “por todos” sino “por muchos”?

A. Sí…

Q. ¿Entonces, por qué dijo “por todos los hombres”?

A. Y, no sé, hijo, ¡seguramente la costumbre!

Q. Ah, ¿entonces usted consagra la sagrada eucaristía por costumbre, por rutina?

A. …

Esperpento sagrado [II]

Hace unas cuantas entradas hacíamos un comentario sobre esto:

Iglesia minimalista

Ludwig Schwarz, obispo del lugar donde construyeron la cosa, cree que eso es una iglesia católica.

En otras palabras: está de acuerdo con que se celebre misa ahí.

Está de acuerdo con que Nuestro Señor esté ahí.

Que Dios lo perdone.

Nuestro equipo de redacción (porque tenemos equipo de redacción) no está de acuerdo con monseñor Schwarz. Y vamos a explicar por qué.

  • Porque, en primer lugar, esa cosa ni siquiera tiene un nombre católico: le llaman Centro Oasis de Atención Pastoral, como si se tuviera vergüenza de decir que es un lugar para adorar a Dios; peor aun, como si se tuviera vergüenza de decir que es un templo católico (“qui enim me confusus fuerit et mea verba in generatione ista adultera et peccatrice et Filius hominis confundetur eum cum venerit in gloria Patris sui cum angelis sanctis”).[1]
  • Porque eso que está ahí, en el lugar grande aquel (nos resistimos a llamarlo presbiterio, pues no lo es), es una mesa y no un altar: dado que la misa es la renovación incruenta del sacrificio de Cristo en la cruz, este debe ser realizado sobre un altar —léase, sobre una piedra sacrificial— y no sobre una mesa.
  • (Esto último no lo decimos los loquitos de El Blog del FAQ; lo dice el Código de Derecho canónico —el postconciliar, el del 83—: “Según la práctica tradicional de la Iglesia, la mesa del altar fijo ha de ser de piedra, y además de un solo bloque de piedra natural”).[2]
  • Porque la mesa aquella, por si fuera poco, está al mismo nivel del suelo, donde están los laicos, cuando debería estar elevada por medio de unos escalones para evocar el monte Calvario, donde Nuestro Señor se ofreció: “El presbiterio es el lugar en el cual sobresale el altar, se proclama la Palabra de Dios, y el sacerdote, el diácono y los demás ministros ejercen su ministerio. Debe distinguirse adecuadamente de la nave de la iglesia, bien sea por estar más elevado o por su peculiar estructura y ornato” (el destacado es nuestro);[3] bueno, “peculiar estructura y ornato” sí que tiene.
  • Porque, además, el mismo Código dice que debe observarse “[…] la antigua tradición de colocar bajo el altar fijo reliquias de Mártires o de otros Santos […]”:[4] no vemos ninguna (ni creemos que haya).
  • Porque no hay reclinatorios; de hecho, es tan minimalista que ni siquiera hay asientos. La lógica detrás del edificio no concibe que haya gente que alguna vez tenga que arrodillarse: está pensado para cualquier cosa menos para la adoración (véase más adelante).
  • Porque no hay confesionarios. La lógica detrás del edificio no concibe que haya gente que alguna vez peque.
  • Y, sobre todo, porque no está el Santísimo Sacramento… a no ser que ese agujero indigno detrás de la mesita de burócrata sea un sagrario. Esperemos que no, pues las normas son bastante claras respecto al decoro y respecto al protagonismo del sagrario.[5] (Dicho sea de paso, no contentos con lo anterior, maltratan el altar al ponerle ese mantel tan coqueto).[6]
Atención al detalle: ¿sagrario?

Atención al detalle: ¿sagrario?

Y no se pierdan la cereza de la torta: esta iglesia tiene bar.

Vitrales.

Vista del bar, al fondo.

Sí, eso que ve usted allá al fondo es un bar. ¿Quiere verlo más de cerca?

Bar 2

Bar (visto más de cerca).

El alucinado arquitecto que comenta el conjunto pontifica entusiasmado: “La sala abierta en su totalidad alberga la capilla y el bar, y por lo tanto establece una apertura única e integración”.[7] Con un bar dentro de un templo así, ya creemos que se logrará bastante integración (y muy única, por cierto).

(Las fotografías son de David Schreyer, excepto la del vitral, que es de un tal Polland).

[1] Mc VIII, 38: “Porque cualquiera que se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre también se avergonzará de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles”.

[2] CIC, cc. 1235-1239. También: “Según la costumbre tradicional de la Iglesia y por su significado, la mesa del altar fijo debe ser de piedra, y ciertamente de piedra natural” (Institutio generalis missalis romani, n. 301, tomado de la Editio typica missalis romani del año 2002).

[3] Institutio generalis missalis romani, n. 295.

[4] CIC, c. 1237,  § 2.

[5] “La sagrada Eucaristía se reservará en un sagrario sólido e inviolable, colocado en medio del altar mayor, o de un altar lateral, pero que sea realmente destacado, o también, según costumbres legítimas y en casos particulares, que deben ser aprobados por el Ordinario del lugar, en otro sitio de la iglesia, pero que sea verdaderamente muy noble y esté debidamente adornado” (Instrucción Inter oecumenici, n. 95).

[6] “Por reverencia para con la celebración del memorial del Señor y para con el banquete en que se ofrece el Cuerpo y Sangre del Señor, póngase sobre el altar donde se celebra por lo menos un mantel de color blanco, que en lo referente a la forma, medida y ornato se acomode a la estructura del mismo altar” (Institutio generalis missalis romani, n. 304).

[7] http://goo.gl/1bvWj

¿Qué hacés, Francisco? [II]

Lavatorio de pies.

Lavatorio de pies.

A su santidad, Francisco, no le gusta que se utilice  patena cuando se administra la comunión.[1]

Tampoco le gusta pronunciar homilías durante sus misas.[2]

Prefiere, más bien, hacer lo que le da la gana en la liturgia, e improvisar y desimprovisar a su antojo, como cuando en la misa en que se reproduce el sublime acto de Nuestro Señor de lavar los pies a sus discípulos, rompiendo normas litúrgicas, se los terminó lavando a dos mujeres,[3] una de ellas no cristiana. (Parece que es una costumbre que ya tenía en Buenos Aires).

Q. ¿Y acaso está mal?

A. Pues  sí: estas cosas están objetivamente mal por su desobediencia y por el incumplimiento claro de normas litúrgicas explícitas. De hecho, a estas cosas se les denomina técnicamente abusos litúrgicos.

Q. Pero el papa puede cambiar las normas litúrgicas, tiene plena libertad para…

A. Nadie está negando que tenga potestad de cambiar algunas normas litúrgicas (ojo: algunas); pero aquí no hablamos de cambios, sino de desobediencia a las que ya existen. Si desea cambiar algo, primero deberá cambiar la norma y luego obrar, no al revés: precisamente, la liturgia no es un carnaval. Además, que tenga poder para cambiar normas litúrgicas no implica necesariamente que estos cambios sean para bien: la infalibilidad no lo afecta en esto.

Q. Pero…

A. Por otro lado, hay otras reglas que ni él mismo como papa tiene derecho a cambiar, sea porque están protegidas por la autoridad de otros pontífices o porque se trataría de abusos litúrgicos graves.

Q. Vamos, no es para tanto…

A. ¿Que no es para tanto? En concreto sobre lo del lotio pedum o lavatorio de los pies, léete este excelente artículo (de un lugar para nada sospechoso de aversión hacia el papa) donde te explican que no es poca cosa. Si aún te parece poco, considera que además de su obligación a obedecer las normas litúrgicas y ser el maestro supremo de liturgia, el papa tiene también la obligación de dar ejemplo de obediencia a ellas.

Q. Eso será según tu opinión, tú que eres un fanático, que además te has anquilosado en una época de la historia, nostálgico de ciertas costumbres, y no te abres a…

A. Eso no solo lo decimos los fanáticos de El Blog del FAQ, sino incluso algunos comentaristas para nada sospechosos de tradicionalismo. Además, recuerda que la liturgia no es seguir unas simples costumbres: “Cristo no dijo: ‘Yo soy la costumbre’, sino ‘Yo soy la verdad’ ”.

Q. Tu problema es que te quedas encerrado en las reglas y no te abres a la libertad: muchas reglas y poco amor…

A. Qué curioso: ese es el mismo argumento de los homosexuales que lanzaron a la red este símbolo la semana pasada:

Equal sign went viral during same-sex marriage hearing.

Q. No me has entendido: tú no vives la libertad de los hijos de Dios, la libertad del Espíritu que sopla donde quiere y cuando quiere, que dirige la barca…

A. …aquí no se trata de libertad, sino de desobediencia y rebeldía. Antes habíamos dicho que los actos tan vistosos y —desde nuestro punto de vista— tan positivos del santo padre no correspondían a la virtud de la humildad sino a la de la austeridad. Dijimos que si el papa Francisco era humilde o no, no lo sabíamos ni podíamos decirlo…

Q. …porque solo le compete a Dios, que es el único que ve los corazones…

A. …y porque para determinarlo nosotros hacía falta algunos actos específicos que denotaran humildad.

Q. Exacto.

A. Pero ahora sí podemos decirlo: no es humilde.

Q. Pero ¡¿cómo te atreves a decir eso del papa?!

A. Porque la realidad no miente y sus actos hablan: se necesita bastante humildad para obedecer lo que uno no ha mandado, sino otra autoridad suprema y paralela pero anterior; se necesita mucha humildad para hacer las cosas que uno no quiere sino las que tocan; se necesita bastante humildad para vestirse no como uno desea, sino como otro manda…

Q. ¿Quién te crees para decirle eso al papa?

A. Yo no me creo nada ni le digo nada; quien se lo dice es el propio Señor Jesucristo, cuando le habló a su primer vicario: “En verdad, en verdad te digo: cuando eras mozo, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya fueres viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde tú no quieras”.[4]

Q. ¿Acaso te crees que sabes más de liturgia que el papa Francisco?

A. Pues parece que sí, lo cual es bastante triste, ¿no? ¿Hay alguna regla de la Iglesia o precepto que prohíba que en algunas materias pueda haber gente que sepa más que el papa? Pensé que por eso tenía dicasterios y asesores.

Q. ¿Serás teólogo, acaso?

A. No, pero he leído la Redemptionis sacramentum y la Institutio generalis missale romanumy parece que él no. (Y eso lo digo para salvaguardar su honra, que en caso de haberlas leído, queda peor parado, pues en ellas se prohíbe mucho de lo que él viene haciendo).

Q. No deberías criticar al papa: eso no es propio de un cristiano. ¡Estás dando más material a los enemigos de la Iglesia!

A. ¿Desde cuándo decir la verdad es impropio de un cristiano? Además, muchas veces los enemigos de la Iglesia no están fuera; están dentro.

Q. ¡¿Estás diciendo que el papa es un enemigo de la Iglesia?!

A. Yo no he dicho que este papa sea un enemigo de la Iglesia (aunque, si bien es es una hipótesis dolorosa, no se puede descartar a priori). Pero no hay que olvidar que enemigos de la Iglesia son también la confusión, la desorientación y el error doctrinal. Ese es, precisamente, uno de los problemas de la Iglesia actual, concretamente a partir del Concilio Vaticano II: hoy se cree que el principal enemigo de la Iglesia es el mundo, y se olvida que, en realidad, el más importante es el demonio, que intenta arrebatar del alma de los fieles la fe y el amor a Cristo y a su Iglesia. Y las mejores armas que tienen los fieles para defenderse no son el carisma de un papa o sus actos de austeridad: son la oración y el culto a Dios. Y el más poderoso de todos será siempre la inmolación de la Víctima Pascual en la eucaristía.

Q. ¿Cómo que a partir del Concilio?

A. El Concilio fue el que hizo tantos esfuerzos para congraciarse con el mundo, como si estuviéramos desesperados por decirle añ hombre de hoy que no somos unos loquitos, que no somos de otro planeta, que somos como él.

Q. Pero eso es lo contrario de lo que has dicho: ¿no que la Iglesia actual cree que el mundo es el enemigo?

A. Rechazar al mundo o intentar congraciarse con él son dos caras de la misma moneda: darle la primacía absoluta en el centro de las preocupaciones de la Iglesia, cuando sabemos que nuestra principal batalla es espiritual. En el fondo es lo mismo de siempre: el culto al hombre, remplazar al creador por la criatura.


[1] Esta práctica contraviene el n. 93 de la instrucción Redemptionis sacramentum  (2004): “La bandeja para la Comunión de los fieles se debe mantener, para evitar el peligro de que caiga la hostia sagrada o algún fragmento”, que a su vez cita el n. 118 de la Institutio generalis missale romanum Instrucción general del Misal romano, que rige cómo se debe usar el misal del rito romano (ordinario).
[2] En el domingo de Pascua, el papa Francisco (ni nadie) pronunció homilía durante la misa correspondiente (véase aquí: http://www.vatican.va/news_services/liturgy/libretti/2013/20130331-pasqua-libretto.pdf, en especial la página 27, donde se había programado ya un silencio meditativo después de la lectura del Evangelio). Esto contraviene el n. 66 de la  Institutio generalis missale romanum, que dice a la letra: “Los domingos y las fiestas del precepto debe tenerse la homilía en todas las Misas que se celebran con asistencia del pueblo y no puede omitirse sin causa grave, por otra parte, se recomienda tenerla todos días especialmente en las ferias de Adviento, Cuaresma y durante el tiempo pascual, así como también en otras fiestas y ocasiones en que el pueblo acude numeroso a la Iglesia” (el destacado es nuestro). Esta norma cita como base, a su vez, la Inter oecumenici, de 1964: en plena reforma litúrgica se dejó en claro que la homilía es fundamental y obligatoria.
[3] “Los varones designados, acompañados por los ministros, van a ocupar los asientos preparados para ellos en un lugar visible a los fieles. El sacerdote (dejada la casulla, si es necesario) se acerca a cada una de las personas designadas y, con la ayuda de los ministros, les lava los pies y se los seca” (Misal romano, reimpr. act. 2008, p. 263).
[4] “Amen amen dico tibi cum esses iunior cingebas te et ambulabas ubi volebas cum autem senueris extendes manus tuas et alius te cinget et ducet quo non vis” (Io XXI, 18).

¿Qué hacés, Francisco?

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A su santidad, Francisco, no le gusta usar el papamóvil.

Ni la limosina papal.

Tampoco le gusta usar los zapatos rojos.

Ni tampoco la muceta, el pectoral de oro, la capa, el altar fijo de la capilla Sixtina, las mitras con bordes de oro ni las casullas magníficas que se guardan en la sacristía vaticana.

Prefiere caminar por la vereda, mezclado entre la gente, tomar el bus y salir a despedirse del pueblo luego de la misa, como un párroco más.

Q. ¿Y acaso está mal?

A. Pues da un poco de pena; pero mal, lo que se dice mal, no.

Q. ¿Entonces? ¿Te molesta que sea diferente de Benedicto?

A. No. Cada papa puede ser como le dé la gana. Si este ha elegido ser así, es cosa suya.

Q. Entonces te molesta que sea tan humilde…

A. Los tan populares actos del actual papa no son manifestaciones de humildad, sino de austeridad, que es otra cosa (una cosa buena, por cierto). La humildad es una virtud bien diferente, que no me consta que este papa cultive (eso solo lo sabe Dios).

Q. Entonces, ¿la austeridad…?

A. No, no me molesta… Lo que me molesta es la confusión que puede generar el mensaje.

Q. ¿Confusión? ¡Pero si el mensaje es clarísimo!

A. No, no lo es. Porque al mismo tiempo, está enviando distintos mensajes que —si no se aclaran— se pueden interpretar de distintas maneras.

Q. ¿Hmm?

A. En primer lugar, está diciendo tácitamente que todo lo que hizo su antecesor estaba mal o no sirve para nada.

Q. Pero si él nunca ha dicho…

A. Ese es el problema: que no ha salido a aclararlo. Ha empezado recordando y encomiando a Benedicto, pero luego se esfuerza en negar en las formas todo lo que el otro había sostenido. Hoy en día la blogósfera está llena de memes de papaboys y papagirls ante cada llamada del papa a su dentista o a su periodiquero, exclamado extasiados, “¡Dime si no es genial nuestro papa!”. Entonces, ¿no era genial Benedicto, como también estos mismos papaboys y papagirls decían?

Q. Entonces, según tú, Francisco se opone a Benedicto. 

A. Eso no lo he dicho yo ni lo ha dicho Francisco… pero se podría entender con tanto entusiasmo desmesurado y acrítico. Es lo que da a entender el propio Francisco.

Q. Pues a mí no me parece que el actual papa explícitamente…

A. Es famosa la anécdota con Marini…

Q. ¿Con quién?

A. Con monseñor Guido Marini, ceremoniero del Vaticano, experto en liturgia (por lo menos, más que Bergoglio). Cuando iba a salir al balcón para dar su primera bendición urbi et orbi, no solo le hizo saber de mala manera que no pensaba utilizar muceta ni capa, sino que tampoco quiso recibir su ayuda para ponerse la estola (sí para recitar el padrenuestro en italiano, empero); y al día siguiente, mientras lo ayudaba a revestirse para su primera misa en la capilla Sixtina, cuando le alcanzaba una casulla, Francisco le dijo: “Póngaselas usted, monseñor: el tiempo de carnaval se ha terminado“.

Q. Pero esas son calumnias de…

A. Quienes conocen su manera tan procaz de hablar dicen que esas perfectamente pudieron ser palabras suyas.

Q. ¿Eso es todo?

A. ¿Te parece poco? Además de la falta de cortesía, está el antimensaje litúrgico: creer que la austeridad también se ha de llevar a cabo en el terreno del culto debido a Dios.

Q. Pero hay cosas que son fundamentales y hay cosas que son accesorias. Precisamente el gran mérito de este papa, al despojarse de tanta ceremonia y pompa en la liturgia, es recordarnos que el centro de la liturgia es Cristo mismo.

A. Y precisamente porque es el centro es que se merece una deferencia mayor. Hay cosas en las que se puede ser austero y cosas en las que no, y la centralidad de Cristo pertenece a esta última categoría.

Q. Pero él no ha negado la centralidad de Cristo…

A. ¿Ah, no? ¿Y por qué no usó patena en la misa de entronización? Si crees que Nuestro Señor está realmente presente en las especies de pan y vino, entonces deberás tener cuidado para…

Q. …pero esos son pequeños detalles que no alteran la esencia de…

A. El problema principal de la liturgia no es la pompa o el boato; el problema principal es de doctrina, que con la liturgia se ha desviado. Y recuerda que “lex orandi, lex credendi”…

Q. ¿Qué es eso?

A. Así como rezas, así crees. Si tienes distorsiones en la liturgia, pronto tendrás distorsiones en la doctrina, de lo cual son prueba fiel los últimos 50 años. No de otra forma se inició la revuelta anglicana, por cierto.

Q. No creo que sea para tanto.

A. Cuánto quisiera ver a este papa seguir con su austeridad (le hará mucho bien al Vaticano y a la Iglesia), seguir despojándose del oro y de la plata en sus vestidos (aunque, bueno, con sensatez, por supuesto, y no por mero aparentar: hay que saber que teñir sus zapatos de rojo o teñirlos de negro cuesta exactamente lo mismo, con la diferencia de que el rojo tiene un significado específico y el negro no)… ¿Qué andaba diciendo?

Q. Que querías ver al papa continuar con su austeridad…

A. Sí, gracias: cuánto quisiera verlo continuar con su austeridad, despojarse de plata y de oro, tomar el bus y caminar —aunque sin tratarse de ser un rebelde simplemente por serlo—, pero al mismo tiempo darle todo el oro a Jesucristo, y utilizar cálices riquísimos y patenas dignas del cuerpo y la sangre de Nuestro Señor: ¡qué gran mensaje daría a la humanidad si dijera “En esto no se puede ser austeros”. Con sus gestos actuales, más bien, da la impresión de que la liturgia son caprichitos de carnavaleros o nostalgias de costureritas decimonónicas.

Q. Bueno, pero no negarás que es bueno que despoje de superficialidades la casa.

A. No lo he negado. Pero, como te dije, con cuidado: no se trata de romper las reglas por romperlas. A algunos este papa les parece bueno porque es un rebelde. Pero la rebeldía por la rebeldía misma murió con James Dean, en mayo del 68, y que yo sepa, ni mayo del 68 ni James Dean han salvado a alguien; en cambio, Nuestro Señor, sí.

Misa por los difuntos

CatafalcoA. Típico: después del saludo inicial, el cura dice que vamos a “pedir” en esta misa “por nuestro hermano Fulano Zutánez Menganda, [para] que a través [sic] de nuestras oraciones el Señor le dé el descanso eterno”. Y así nos va.

Q. ¿Cuál es el problema? ¿Acaso está mal que se celebren misas por los difuntos?

A. No, al contrario: me parece excelente que se haga. El problema es, precisamente, que en este caso nadie celebró una misa por un difunto.

Q. No entiendo: ¿cuál es el problema?

A. Los problemas —son varios— están en qué es la misa y para qué sirve.

Q. Sigo sin entender.

A. Una misa es la renovación incruenta del sacrificio de Nuestro Señor en la cruz…

Q. De acuerdo…

A. No, no de acuerdo, porque a partir de la reforma litúrgica, el énfasis se ha puesto no tanto en que es el sacrificio de Cristo, sino una celebración de la comunidad.

Q. ¿Hum?

A. Antes la cosa estaba clara: el sacerdote celebraba el ofrecimiento de la víctima inmaculada al Padre para obtenernos las gracias necesarias para nuestra salvación: eso era una misa. En algunas oportunidades, uno podía pedirle al sacerdote que ofreciera ese sacrificio no solo por los presentes, por la Iglesia y por todos los hombres (representados en la fórmula “por muchos”… otro día hablaremos de eso), sino también por todos los difuntos o por uno en particular. Así, los méritos obtenidos en la Cruz por Nuestro Redentor servían a ese difunto para alcanzar la gloria eterna, algo que solo Dios puede dar.

Q. Claro claro, correcto…

A. …y, ojo: no por sus méritos ni los nuestros, sino por los méritos de Cristo en la cruz.

Q. Ajá.

A. Ahora, con la nueva misa, al haberse perdido un poco la noción de que se trata de un sacrificio propiciatorio aplicado a un fin específico, la misa queda reducida a una celebración comunitaria…

Q. Pero ¿tú crees que…?

A. Yo no creo nada: la evidencia es la que habla. No sorprende, por tanto, que en las misas de ahora ya no se ofrezca el sacrificio en sufragio del alma de un difunto (incluso la misma expresión “en sufragio” se ha perdido), sino que ahora se celebra una misa y en ella nos limitamos a pedir por el alma de un difunto.

Q. No entiendo…

 A. Es claro: el centro ahora ya no está en Nuestro Señor y su poder; el centro está ahora en el poder de la oración de la comunidad: ¡nosotros somos los que salvamos al muertito y lo llevamos al Cielo con nuestras oraciones!

Q. Pero…

A. El sacrificio de Jesucristo, que nos libró del pecado y quiso devolvernos la amistad de Dios Padre, como decimos en la liturgia, en la práctica se ha desvalorizado. Ahora las misas sirven simplemente para rezar por los muertos.

Q. Bueno, bueno, no te esponjes, no es para tanto…

 A. Dile eso a Nuestro Señor, cara a cara, cuando lo veas en el Gran Juicio: ahí tendrás ocasión de decirle que su sacrificio no sirvió para nada porque, total, tú eres quien salva a los hombres del pecado y les abres la puerta de la comunión eterna con tus oraciones. Yo, por mi parte, prefiero seguir lo que la Iglesia ha dicho toda la vida.