Humilde ayuda para apologetas neoconservadores

Alejandro Bermúdez

Alejandro Bermúdez

Nos comentaba ayer un lector sobre el mal rato que, con toda seguridad, estarán pasando algunos periodistas y divulgadores —como Alejandro Bermúdez, José María Iraburu o Luis Fernando Pérez Bustamante— al contosionar sus razonamientos para defender una supuesta hermenéutica de la continuidad en el tema litúrgico entre Benedicto XVI y su santidad Francisco: intentó con mucho arrojo empezar la reforma de la reforma, el primero, y la viene destruyendo por completo, el segundo.

Aunque parezca mentira, en El Blog del FAQ nos condolemos con el sufrimiento neocón, de modo que la simple fantasía de estos tres hermanitos —como diría seguramente el primero de ellos— sudando frente a sus teclados, nos quitó el sueño. Por esa razón, El Blog del FAQ hizo suya la preocupación, e indicó a nuestro comité de salvataje de neocones que no podría dormir hasta no hallar una solución (práctica, por cierto, que por sí sola ya haría las delicias de los mencionados).

Después de este proceso, el comité nos alcanzó esta pequeña propuesta que franciscahumildemente ponemos a su disposición a manera de carta abierta. Va con cariño.

Es evidente y clarísimo, pero clarísimo, que existe una continuidad entre el magisterio litúrgico de nuestro genial papa, el querido Benedicto XVI, de grata memoria, y el magisterio litúrgico de nuestro genial papa, el ya querido Francisco: quien no quiera verlo es una persona con dos dígitos de cociente intelectual… ¡y dos dígitos bien bajitos!

Pero de todas maneras, aquí en [ACI Prensa/InfoCatólica/etc.] se lo vamos a explicar. Nuestro genial papa, su santidad Benedicto XVI, emprendió un esfuerzo por renovar la liturgia llevándola a sus fuentes, a beber de su sobriedad, elegancia y belleza originales. Hizo esto no solo en sus propias celebraciones litúrgicas —y me consta personalmente—, obedientes a todas las rúbricas, cargadas de recato y belleza al mismo tiempo, rescatando elementos antiguos como el saturno, el camauro, el fanón; sino que también lo hizo quitando la prohibición haciendo explícito que nunca estuvo prohibido en la Iglesia celebrar la misa con el rito romano ordinario según el misal de 1962, la correctamente mal llamada misa tridentina: todos recordamos el hermoso y genial motu proprio Summorum pontificum, que desde esta [bitácora/página web/portal/canal, etc.] fuimos los primeros en alabar, celebrar y, sobre todo, difundir y recomendar, etc. Además, el genial antecesor del genial papa Francisco se empeñó bastante en corregir y sancionar abusos litúrgicos de personas que no comprendían o no tenían claro el rito romano. Por su parte, nuestro genial papa, su santidad Francisco, sigue en esta línea de renovación y de purificación y embellecimiento de la liturgia. ¿Y cómo?, se preguntarán varios de ustedes. Pues al desobedecer varias normas litúrgicas, al improvisar y hacer lo que le viene en gana, y practicar diversos actos que constituyen claros abusos litúrgicos —explícitamente sancionados—, nos hace ver la gran y urgente necesidad de volver a lo que Benedicto ya se esforzó por hacer. Nadie como nuestro genial sumo pontífice, el querido papa Francisco, ha hecho tanto en tan poco tiempo por mostrar a la Iglesia la necesidad de una reforma litúrgica con reglas más claras y enérgicas.

Va con cariño, amigos apologetas neoconservadores: esperamos que lo sepan apreciar y que le den buen uso a este material que le costó una amanecida a nuestro equipo. Humildemente creemos que de otra manera no se puede enlazar en continuidad la obra litúrgica de ambos pontífices, geniales los dos al mismo tiempo, por cierto. 

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Esperpento sagrado [II]

Hace unas cuantas entradas hacíamos un comentario sobre esto:

Iglesia minimalista

Ludwig Schwarz, obispo del lugar donde construyeron la cosa, cree que eso es una iglesia católica.

En otras palabras: está de acuerdo con que se celebre misa ahí.

Está de acuerdo con que Nuestro Señor esté ahí.

Que Dios lo perdone.

Nuestro equipo de redacción (porque tenemos equipo de redacción) no está de acuerdo con monseñor Schwarz. Y vamos a explicar por qué.

  • Porque, en primer lugar, esa cosa ni siquiera tiene un nombre católico: le llaman Centro Oasis de Atención Pastoral, como si se tuviera vergüenza de decir que es un lugar para adorar a Dios; peor aun, como si se tuviera vergüenza de decir que es un templo católico (“qui enim me confusus fuerit et mea verba in generatione ista adultera et peccatrice et Filius hominis confundetur eum cum venerit in gloria Patris sui cum angelis sanctis”).[1]
  • Porque eso que está ahí, en el lugar grande aquel (nos resistimos a llamarlo presbiterio, pues no lo es), es una mesa y no un altar: dado que la misa es la renovación incruenta del sacrificio de Cristo en la cruz, este debe ser realizado sobre un altar —léase, sobre una piedra sacrificial— y no sobre una mesa.
  • (Esto último no lo decimos los loquitos de El Blog del FAQ; lo dice el Código de Derecho canónico —el postconciliar, el del 83—: “Según la práctica tradicional de la Iglesia, la mesa del altar fijo ha de ser de piedra, y además de un solo bloque de piedra natural”).[2]
  • Porque la mesa aquella, por si fuera poco, está al mismo nivel del suelo, donde están los laicos, cuando debería estar elevada por medio de unos escalones para evocar el monte Calvario, donde Nuestro Señor se ofreció: “El presbiterio es el lugar en el cual sobresale el altar, se proclama la Palabra de Dios, y el sacerdote, el diácono y los demás ministros ejercen su ministerio. Debe distinguirse adecuadamente de la nave de la iglesia, bien sea por estar más elevado o por su peculiar estructura y ornato” (el destacado es nuestro);[3] bueno, “peculiar estructura y ornato” sí que tiene.
  • Porque, además, el mismo Código dice que debe observarse “[…] la antigua tradición de colocar bajo el altar fijo reliquias de Mártires o de otros Santos […]”:[4] no vemos ninguna (ni creemos que haya).
  • Porque no hay reclinatorios; de hecho, es tan minimalista que ni siquiera hay asientos. La lógica detrás del edificio no concibe que haya gente que alguna vez tenga que arrodillarse: está pensado para cualquier cosa menos para la adoración (véase más adelante).
  • Porque no hay confesionarios. La lógica detrás del edificio no concibe que haya gente que alguna vez peque.
  • Y, sobre todo, porque no está el Santísimo Sacramento… a no ser que ese agujero indigno detrás de la mesita de burócrata sea un sagrario. Esperemos que no, pues las normas son bastante claras respecto al decoro y respecto al protagonismo del sagrario.[5] (Dicho sea de paso, no contentos con lo anterior, maltratan el altar al ponerle ese mantel tan coqueto).[6]
Atención al detalle: ¿sagrario?

Atención al detalle: ¿sagrario?

Y no se pierdan la cereza de la torta: esta iglesia tiene bar.

Vitrales.

Vista del bar, al fondo.

Sí, eso que ve usted allá al fondo es un bar. ¿Quiere verlo más de cerca?

Bar 2

Bar (visto más de cerca).

El alucinado arquitecto que comenta el conjunto pontifica entusiasmado: “La sala abierta en su totalidad alberga la capilla y el bar, y por lo tanto establece una apertura única e integración”.[7] Con un bar dentro de un templo así, ya creemos que se logrará bastante integración (y muy única, por cierto).

(Las fotografías son de David Schreyer, excepto la del vitral, que es de un tal Polland).

[1] Mc VIII, 38: “Porque cualquiera que se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre también se avergonzará de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles”.

[2] CIC, cc. 1235-1239. También: “Según la costumbre tradicional de la Iglesia y por su significado, la mesa del altar fijo debe ser de piedra, y ciertamente de piedra natural” (Institutio generalis missalis romani, n. 301, tomado de la Editio typica missalis romani del año 2002).

[3] Institutio generalis missalis romani, n. 295.

[4] CIC, c. 1237,  § 2.

[5] “La sagrada Eucaristía se reservará en un sagrario sólido e inviolable, colocado en medio del altar mayor, o de un altar lateral, pero que sea realmente destacado, o también, según costumbres legítimas y en casos particulares, que deben ser aprobados por el Ordinario del lugar, en otro sitio de la iglesia, pero que sea verdaderamente muy noble y esté debidamente adornado” (Instrucción Inter oecumenici, n. 95).

[6] “Por reverencia para con la celebración del memorial del Señor y para con el banquete en que se ofrece el Cuerpo y Sangre del Señor, póngase sobre el altar donde se celebra por lo menos un mantel de color blanco, que en lo referente a la forma, medida y ornato se acomode a la estructura del mismo altar” (Institutio generalis missalis romani, n. 304).

[7] http://goo.gl/1bvWj

De papolatrías y papólatras

Idolatría (Cesare Ripa)

Idolatría (Cesare Ripa)

Q. A veces no sé si estás a favor o en contra del papa.

A. ¿Del papa o del papado?

Q. ¡Es lo mismo! Pareces enemigo, más que amigo.

A. No son lo mismo, y es peligroso confundirlos.

Q. ¿Perdón?

A. Ocupar el sillón del papado no convierte al varón en cuestión en un santo en vida, ni en infalible ni en incorruptible. Para que quede claro, quiso Nuestro Señor instituir el papado y dejarnos en él al peor de sus discípulos.

Q. Pero el papa… ¡es el papa!

A. Sí, y también tiene un nombre, y va al baño, y caga, y come, y se cae de sueño por las noches. Es un ser humano como cualquiera de nosotros…

Q. Pero es infalible…

A. Solo cuando habla ex cathedra y cuando hace uso de su magisterio extraordinario en materias de fe y moral (que lo hace poquísimo: para que te des una idea, los últimos dos papas antes de Francisco no usaron ese magisterio casi nunca; Juan Pablo II, apenas si en un par de ocasiones, y Benedicto, nunca, descontando en ambos casos las canonizaciones —que, por cierto, son también materia discutida por teólogos: no todos están de acuerdo en que una canonización es infalible—). En todo lo demás se puede equivocar, incluidos encíclicas, exhortaciones, mensajes, entrevistas, opiniones, etc.

Q. Pero, bueno, ¿cuál es el problema? Hay que estar con el papa siempre, en todo, con todo, con fuerza y, en ese caso, es mejor pecar por exceso que por defecto.

A. No, no lo es, porque si bien es bueno defender el papado, hay que hacerlo sin sacrificar la verdad, y sin sublimarlo y convertir  cada gesto de un papa en un gesto del papado. Cuando una intenta defender a la Iglesia ante gente medianamente inteligente se ve claro: es suponer idiotez en el interlocutor intentar convencerlo de que todas las decisiones y opiniones de cada papa de turno son geniales y acertadísimas, o pretender que no se dé cuenta de que intentamos convencerlo de eso: Dios hizo inteligentes incluso a los ateos (!). Eso a veces aleja más que acerca a la fe.

Q. Vamos, no es para tanto…

A. Claro que sí. Te pongo tan solo un ejemplo. Cuando este papa se decida a vender los tesoros del Vaticano (que estoy segura de que de alguna manera algo de eso hará), ¿cómo harán los papólatras clásicos para defender lo que antes criticaron? ¿Cómo hará José Miguel Arráiz? ¿Cómo hará Alejandro Bermúdez para defender que ahora sí es una buena idea vender los tesoros cuando antes hasta insultó a quienes pensaban así?

Q. Bueno, los tiempos han cambiado y…

A. No es un problema de tiempos que cambian; es un problema con respecto a la verdad misma: ¿cómo es posible que un argumento sea falso en el 2007 y verdadero en el 2013? Con tanto papólatra, papaboy o papagirl suelto por ahí gritando fascinado que todos los actos sui generis de este papa son geniales como geniales eran los del papa anterior que hacía lo contrario, uno se acuerda con más razón de Benedicto XVI cuando advertía acerca de la crisis de la razón: ¡cuánta razón tenía!

¿Qué hacés, Francisco? [II]

Lavatorio de pies.

Lavatorio de pies.

A su santidad, Francisco, no le gusta que se utilice  patena cuando se administra la comunión.[1]

Tampoco le gusta pronunciar homilías durante sus misas.[2]

Prefiere, más bien, hacer lo que le da la gana en la liturgia, e improvisar y desimprovisar a su antojo, como cuando en la misa en que se reproduce el sublime acto de Nuestro Señor de lavar los pies a sus discípulos, rompiendo normas litúrgicas, se los terminó lavando a dos mujeres,[3] una de ellas no cristiana. (Parece que es una costumbre que ya tenía en Buenos Aires).

Q. ¿Y acaso está mal?

A. Pues  sí: estas cosas están objetivamente mal por su desobediencia y por el incumplimiento claro de normas litúrgicas explícitas. De hecho, a estas cosas se les denomina técnicamente abusos litúrgicos.

Q. Pero el papa puede cambiar las normas litúrgicas, tiene plena libertad para…

A. Nadie está negando que tenga potestad de cambiar algunas normas litúrgicas (ojo: algunas); pero aquí no hablamos de cambios, sino de desobediencia a las que ya existen. Si desea cambiar algo, primero deberá cambiar la norma y luego obrar, no al revés: precisamente, la liturgia no es un carnaval. Además, que tenga poder para cambiar normas litúrgicas no implica necesariamente que estos cambios sean para bien: la infalibilidad no lo afecta en esto.

Q. Pero…

A. Por otro lado, hay otras reglas que ni él mismo como papa tiene derecho a cambiar, sea porque están protegidas por la autoridad de otros pontífices o porque se trataría de abusos litúrgicos graves.

Q. Vamos, no es para tanto…

A. ¿Que no es para tanto? En concreto sobre lo del lotio pedum o lavatorio de los pies, léete este excelente artículo (de un lugar para nada sospechoso de aversión hacia el papa) donde te explican que no es poca cosa. Si aún te parece poco, considera que además de su obligación a obedecer las normas litúrgicas y ser el maestro supremo de liturgia, el papa tiene también la obligación de dar ejemplo de obediencia a ellas.

Q. Eso será según tu opinión, tú que eres un fanático, que además te has anquilosado en una época de la historia, nostálgico de ciertas costumbres, y no te abres a…

A. Eso no solo lo decimos los fanáticos de El Blog del FAQ, sino incluso algunos comentaristas para nada sospechosos de tradicionalismo. Además, recuerda que la liturgia no es seguir unas simples costumbres: “Cristo no dijo: ‘Yo soy la costumbre’, sino ‘Yo soy la verdad’ ”.

Q. Tu problema es que te quedas encerrado en las reglas y no te abres a la libertad: muchas reglas y poco amor…

A. Qué curioso: ese es el mismo argumento de los homosexuales que lanzaron a la red este símbolo la semana pasada:

Equal sign went viral during same-sex marriage hearing.

Q. No me has entendido: tú no vives la libertad de los hijos de Dios, la libertad del Espíritu que sopla donde quiere y cuando quiere, que dirige la barca…

A. …aquí no se trata de libertad, sino de desobediencia y rebeldía. Antes habíamos dicho que los actos tan vistosos y —desde nuestro punto de vista— tan positivos del santo padre no correspondían a la virtud de la humildad sino a la de la austeridad. Dijimos que si el papa Francisco era humilde o no, no lo sabíamos ni podíamos decirlo…

Q. …porque solo le compete a Dios, que es el único que ve los corazones…

A. …y porque para determinarlo nosotros hacía falta algunos actos específicos que denotaran humildad.

Q. Exacto.

A. Pero ahora sí podemos decirlo: no es humilde.

Q. Pero ¡¿cómo te atreves a decir eso del papa?!

A. Porque la realidad no miente y sus actos hablan: se necesita bastante humildad para obedecer lo que uno no ha mandado, sino otra autoridad suprema y paralela pero anterior; se necesita mucha humildad para hacer las cosas que uno no quiere sino las que tocan; se necesita bastante humildad para vestirse no como uno desea, sino como otro manda…

Q. ¿Quién te crees para decirle eso al papa?

A. Yo no me creo nada ni le digo nada; quien se lo dice es el propio Señor Jesucristo, cuando le habló a su primer vicario: “En verdad, en verdad te digo: cuando eras mozo, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya fueres viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde tú no quieras”.[4]

Q. ¿Acaso te crees que sabes más de liturgia que el papa Francisco?

A. Pues parece que sí, lo cual es bastante triste, ¿no? ¿Hay alguna regla de la Iglesia o precepto que prohíba que en algunas materias pueda haber gente que sepa más que el papa? Pensé que por eso tenía dicasterios y asesores.

Q. ¿Serás teólogo, acaso?

A. No, pero he leído la Redemptionis sacramentum y la Institutio generalis missale romanumy parece que él no. (Y eso lo digo para salvaguardar su honra, que en caso de haberlas leído, queda peor parado, pues en ellas se prohíbe mucho de lo que él viene haciendo).

Q. No deberías criticar al papa: eso no es propio de un cristiano. ¡Estás dando más material a los enemigos de la Iglesia!

A. ¿Desde cuándo decir la verdad es impropio de un cristiano? Además, muchas veces los enemigos de la Iglesia no están fuera; están dentro.

Q. ¡¿Estás diciendo que el papa es un enemigo de la Iglesia?!

A. Yo no he dicho que este papa sea un enemigo de la Iglesia (aunque, si bien es es una hipótesis dolorosa, no se puede descartar a priori). Pero no hay que olvidar que enemigos de la Iglesia son también la confusión, la desorientación y el error doctrinal. Ese es, precisamente, uno de los problemas de la Iglesia actual, concretamente a partir del Concilio Vaticano II: hoy se cree que el principal enemigo de la Iglesia es el mundo, y se olvida que, en realidad, el más importante es el demonio, que intenta arrebatar del alma de los fieles la fe y el amor a Cristo y a su Iglesia. Y las mejores armas que tienen los fieles para defenderse no son el carisma de un papa o sus actos de austeridad: son la oración y el culto a Dios. Y el más poderoso de todos será siempre la inmolación de la Víctima Pascual en la eucaristía.

Q. ¿Cómo que a partir del Concilio?

A. El Concilio fue el que hizo tantos esfuerzos para congraciarse con el mundo, como si estuviéramos desesperados por decirle añ hombre de hoy que no somos unos loquitos, que no somos de otro planeta, que somos como él.

Q. Pero eso es lo contrario de lo que has dicho: ¿no que la Iglesia actual cree que el mundo es el enemigo?

A. Rechazar al mundo o intentar congraciarse con él son dos caras de la misma moneda: darle la primacía absoluta en el centro de las preocupaciones de la Iglesia, cuando sabemos que nuestra principal batalla es espiritual. En el fondo es lo mismo de siempre: el culto al hombre, remplazar al creador por la criatura.


[1] Esta práctica contraviene el n. 93 de la instrucción Redemptionis sacramentum  (2004): “La bandeja para la Comunión de los fieles se debe mantener, para evitar el peligro de que caiga la hostia sagrada o algún fragmento”, que a su vez cita el n. 118 de la Institutio generalis missale romanum Instrucción general del Misal romano, que rige cómo se debe usar el misal del rito romano (ordinario).
[2] En el domingo de Pascua, el papa Francisco (ni nadie) pronunció homilía durante la misa correspondiente (véase aquí: http://www.vatican.va/news_services/liturgy/libretti/2013/20130331-pasqua-libretto.pdf, en especial la página 27, donde se había programado ya un silencio meditativo después de la lectura del Evangelio). Esto contraviene el n. 66 de la  Institutio generalis missale romanum, que dice a la letra: “Los domingos y las fiestas del precepto debe tenerse la homilía en todas las Misas que se celebran con asistencia del pueblo y no puede omitirse sin causa grave, por otra parte, se recomienda tenerla todos días especialmente en las ferias de Adviento, Cuaresma y durante el tiempo pascual, así como también en otras fiestas y ocasiones en que el pueblo acude numeroso a la Iglesia” (el destacado es nuestro). Esta norma cita como base, a su vez, la Inter oecumenici, de 1964: en plena reforma litúrgica se dejó en claro que la homilía es fundamental y obligatoria.
[3] “Los varones designados, acompañados por los ministros, van a ocupar los asientos preparados para ellos en un lugar visible a los fieles. El sacerdote (dejada la casulla, si es necesario) se acerca a cada una de las personas designadas y, con la ayuda de los ministros, les lava los pies y se los seca” (Misal romano, reimpr. act. 2008, p. 263).
[4] “Amen amen dico tibi cum esses iunior cingebas te et ambulabas ubi volebas cum autem senueris extendes manus tuas et alius te cinget et ducet quo non vis” (Io XXI, 18).