Misa por los difuntos

CatafalcoA. Típico: después del saludo inicial, el cura dice que vamos a “pedir” en esta misa “por nuestro hermano Fulano Zutánez Menganda, [para] que a través [sic] de nuestras oraciones el Señor le dé el descanso eterno”. Y así nos va.

Q. ¿Cuál es el problema? ¿Acaso está mal que se celebren misas por los difuntos?

A. No, al contrario: me parece excelente que se haga. El problema es, precisamente, que en este caso nadie celebró una misa por un difunto.

Q. No entiendo: ¿cuál es el problema?

A. Los problemas —son varios— están en qué es la misa y para qué sirve.

Q. Sigo sin entender.

A. Una misa es la renovación incruenta del sacrificio de Nuestro Señor en la cruz…

Q. De acuerdo…

A. No, no de acuerdo, porque a partir de la reforma litúrgica, el énfasis se ha puesto no tanto en que es el sacrificio de Cristo, sino una celebración de la comunidad.

Q. ¿Hum?

A. Antes la cosa estaba clara: el sacerdote celebraba el ofrecimiento de la víctima inmaculada al Padre para obtenernos las gracias necesarias para nuestra salvación: eso era una misa. En algunas oportunidades, uno podía pedirle al sacerdote que ofreciera ese sacrificio no solo por los presentes, por la Iglesia y por todos los hombres (representados en la fórmula “por muchos”… otro día hablaremos de eso), sino también por todos los difuntos o por uno en particular. Así, los méritos obtenidos en la Cruz por Nuestro Redentor servían a ese difunto para alcanzar la gloria eterna, algo que solo Dios puede dar.

Q. Claro claro, correcto…

A. …y, ojo: no por sus méritos ni los nuestros, sino por los méritos de Cristo en la cruz.

Q. Ajá.

A. Ahora, con la nueva misa, al haberse perdido un poco la noción de que se trata de un sacrificio propiciatorio aplicado a un fin específico, la misa queda reducida a una celebración comunitaria…

Q. Pero ¿tú crees que…?

A. Yo no creo nada: la evidencia es la que habla. No sorprende, por tanto, que en las misas de ahora ya no se ofrezca el sacrificio en sufragio del alma de un difunto (incluso la misma expresión “en sufragio” se ha perdido), sino que ahora se celebra una misa y en ella nos limitamos a pedir por el alma de un difunto.

Q. No entiendo…

 A. Es claro: el centro ahora ya no está en Nuestro Señor y su poder; el centro está ahora en el poder de la oración de la comunidad: ¡nosotros somos los que salvamos al muertito y lo llevamos al Cielo con nuestras oraciones!

Q. Pero…

A. El sacrificio de Jesucristo, que nos libró del pecado y quiso devolvernos la amistad de Dios Padre, como decimos en la liturgia, en la práctica se ha desvalorizado. Ahora las misas sirven simplemente para rezar por los muertos.

Q. Bueno, bueno, no te esponjes, no es para tanto…

 A. Dile eso a Nuestro Señor, cara a cara, cuando lo veas en el Gran Juicio: ahí tendrás ocasión de decirle que su sacrificio no sirvió para nada porque, total, tú eres quien salva a los hombres del pecado y les abres la puerta de la comunión eterna con tus oraciones. Yo, por mi parte, prefiero seguir lo que la Iglesia ha dicho toda la vida.

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Un comentario el “Misa por los difuntos

  1. […] oración comunitaria muy especial. En el caso de las misas de difuntos, es una oración en la que se pide por un […]

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